Textos

SOBRE LA INOPORTUNIDAD DEL ADVIENTO

Por Dolores Aleixandre

Sí, inoportunidad, no me arrepiento del título, esa ha sido mi impresión después de hacer una lectura seguida de los textos de Adviento. Vienen cargados de tantas palabras resplandecientes: alegría, seguridad, gloria, esplendor, paz, confianza, salvación…, que esa insistencia luminosa resulta casi insultante en estos tiempos de tanta oscuridad.

Puestos a elegir, preferiríamos otras promesas más cercanas a nuestra realidad: en vez de colinas que se abajan y valles que se levantan, esperaríamos el anuncio de que bajan las hipotecas, desciende la prima de riesgo y se eleva la responsabilidad de los bancos que han dejado sin ahorros a tantas familias.

Estupendo que lo torcido se enderece, pero nos suena a música celestial mientras continúen los métodos tortuosos de muchos empresarios para solicitar EREs y mandar al paro a tanta gente.

Baruc nos exhorta a envolvernos en el manto de la justicia de Dios y es una magnífica cobertura pero ¿de qué les va a servir a los inmigrantes sin papeles si se quedan sin la sanitaria?

La teología y sus eruditos se defienden: “Se trata de una perspectiva escatológica”, distinguen. Claro, pero sólo con eso no llego a fin de mes, piensa más de uno.

Jesús, que afortunadamente no era un erudito, propone otras salidas: da por sentada la existencia de situaciones desastrosas que nos sacuden llenándonos de ansiedad y preocupación pero, donde nosotros no vemos más que catástrofes, él ve “señales”.

La condición para descubrirlas es “levantar los ojos”, ir más allá de lo inmediato que nos ciega y atrapa en redes de deseos insatisfechos, en obsesiones por retener modos de vida que considerábamos definitivos, en temores que embotan nuestro corazón impidiendo el fluir de la vida.

Y esas “señales” ¿dónde buscarlas?: en el desierto, responde el evangelio de Lucas en el 2º Domingo, en esos lugares marginales que nos obligan a afrontar sin distracciones esas preguntas de las que tratamos de escapar, que nos inquietan más allá de lo económico y que se enmascaran bajo pretextos de impotencias y desánimos.

Los personajes políticos y religiosos nombrados (Poncio Pilato, Herodes, Anás, Caifás….) quizá fueron peores que los que hoy nos gobiernan pero, a pesar de sus poderes e intrigas, no consiguieron extinguir la esperanza que convocaba la voz profética de Juan desde la periferia.

En la tercera semana las señales se vuelven más concretas: hay que abrirse a la alteridad hasta llegar a compartir con otros, hay que salir del estrecho círculo de “lo mío” para que la esclavitud del poseer deje paso a la libertad de preferir el bien mayor de la relación: la alegría de que una túnica sobrante abrigue ahora el cuerpo aterido de un hermano.

Las señales de la cuarta semana nos devuelven a la belleza de lo pequeño, a la humildad de lo cotidiano: Dios elige como morada a Belén, un pueblo insignificante; y un sencillo saludo, esa experiencia universal de acogida del otro, desencadena un torrente de comunicación entre dos mujeres embarazadas que se llenan de alegría, bendicen y se ríen juntas mientras la vida crece en sus entrañas.

No son señales fáciles ni evidentes porque el Evangelio es siempre un tesoro escondido, un don exigente, una gracia cara. Después de todo, quizá el Adviento pueda conducirnos “oportunamente” hacia ese júbilo que se atreve con tanto descaro a prometer.

Dolores Aleixandre

 

LIBROS RECOMENDADOS PARA LOS LAICOS

Por Máximo Galve

 

Autor: Juan Antonio Estrada Díaz

Título: La Espiritualidad de los laicos en una eclesiología de comunión

Editorial: Ediciones Paulinas

 

Contenido:

En esta obra el autor intenta demostrar que existe una espiritualidad laica legítima y autónoma. Después de establecer qué es la santidad cristiana en sí, anterior e independientemente a la perfección religiosa, y de hacer un breve recorrido por las espiritualidades tradicionales señalando su influjo en la vida de los fieles, establece el constitutivo de una espiritualidad laical, de una espiritualidad para el mundo y en el mundo. A través de los varios ámbitos de la vida y de la actividad humana, subraya las líneas de fuerza de una espiritualidad seglar, distinta y distante de la espiritualidad tradicional.

 

 

Autor: Juan Antonio Estrada Díaz

Título: La identidad de los laicos

Año y editorial: Ediciones Paulinas

 

Contenido:

Nos planteamos la siguiente pregunta: ¿quiénes son los laicos? Hasta la celebración del Concilio Vaticano II la respuesta a esta pregunta era: “el que no es sacerdote, ni religioso/a”. Es decir, al definir al laico por lo que no era se daba una definición negativa, un poco como si fuera cristiano de segunda. La Iglesia es un gran misterio, y a la hora de definir, explicar y expresar ese gran misterio la categoría fundamental que utiliza el Concilio Vaticano II es la de “PUEBLO DE DIOS”. Es decir, la Iglesia es una comunidad de personas convocadas por Dios y que forman un pueblo. Por tanto la Iglesia somos todos los bautizados. Es un derecho de todo cristiano participar en la misión apostólica y en la vida interna de la comunidad eclesial. “El deber y el derecho del seglar al apostolado deriva de su misma unión con Cristo cabeza. Insertos por el bautismo en el cuerpo místico de Cristo, robustecidos por la confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, es el mismo Señor el que los destina al apostolado” (AA 3).Como afirma Juan Antonio Estrada Díaz: “El laico, que vive en el mundo y está inmerso en las realidades temporales, no es nunca una persona profana, sino consagrada. La idea de la profanidad de los laicos no es cristiana, sino pagana: se establece desde la dualidad de las religiones paganas, para las que sólo los sacerdotes están consagrados a Dios, mientras que el cristianismo viene a abolir ese dualismo. Los laicos son personas sagradas, plenamente entregadas y consagradas a Dios en el mundo, como Jesús”.

 

 

Autor: Jesús Espeja

Título: A los 50 años del Concilio. Camino abierto para el siglo XXI

Editorial: San Pablo, 2012

 

Contenido: 

Se trata de un análisis sobre el significado que tuvo la celebración del Concilio Vaticano II y sobre la evolución y cambios que han tenido lugar en la sociedad moderna y en la Iglesia durante los años de postconcilio. Cuando han transcurrido cincuenta años de su celebración, ¿cuál es la herencia permanente del Vaticano II ?  Pero, tanto en la visión de la Iglesia como en su relación con el mundo, el Concilio abrió perspectivas y sugirió claves fundamentales que son imprescindibles para la renovación de la vida cristiana y para su misión evangelizadora. Es la convicción inspiradora de este libro.