Los Obispos pueden crear en su Diócesis organismos y nombrar personas al frente de ellos para que colaboren con él en la dirección de actividad pastoral.

En nuestro caso, el señor Arzobispo configuró la Delegación Episcopal de Apostolado Seglar, al frente de la cual nombró un delegado que como tal tiene una potestad “delegada”, es decir, encomendada a él expresamente, no en virtud del oficio eclesiástico, sino de la encomienda que se le ha hecho. La potestad delegada no viene determinada por la constitución del oficio, sino por el conjunto de facultades que quiere conferir el donante, y éste puede ser tan amplio como el Código de Derecho Canónico determina.

En Zaragoza, nuestro Arzobispo D. Manuel Ureña, nombró un Delegado seglar por primera vez en la historia de la Diócesis. Sus funciones en términos generales son: promover, moderar y coordinar las asociaciones y movimientos de seglares y a aquellos fieles laicos que conscientes de su identidad y vocación la vivan a nivel parroquial y quieran colaborar con la Delegación. Estas funciones las llevará a cabo en nombre del Arzobispo y con verdaderas facultades para ello.

Así mismo, nombró un sacerdote, como Consiliario y asesor, que en virtud de su ordenación ministerial está al servicio de animar y vivificar el trabajo en la Delegación, y también al servicio de la comunión entre grupos y asociaciones. Hace presente, representa, a Cristo como cabeza: como principio de vida (anima y vivifica la comunidad) y como principio de comunión (unidad de la comunidad). Nada más comenzar su andadura, este Delegado y el Consiliario creyeron de mutuo acuerdo, que era necesario formar un grupo de trabajo procedente de la coordinadora de movimientos y asociaciones de apostolado seglar de adultos. Se reúnen asiduamente para posteriormente llevar los temas a la Asamblea de movimientos y asociaciones.